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¡En Manos de Quién está la Justicia!


Se nos volvió normal ver imágenes en los noticieros y en redes sociales de personas golpeando ladrones en la calle. Hace poco una mujer obligó a un joven que le iba a robar a desnudarse, rodeada de personas que le arengaban y aplaudían cuando el muchacho salió corriendo desnudo y avergonzado por la calle. En Twitter y Facebook muchos decían “muy bueno, se lo merecía” otros reprochan el actuar de la mujer y consideran que también incurrió en un delito.

Pero, la verdadera pregunta debería ser ¿Por qué suceden estas cosas? Y mientras me formulo esta pregunta se genera otra ¿Por qué las personas deciden hacer justicia por su propia cuenta?
Son innumerables los casos en los que vemos a ciudadanos enardecidos golpeando a ladrones que sorprenden in fraganti, en muchas ocasiones mientras hay presencia de oficiales de la policía quienes tratan de impedir que la comunidad intervenga – Cabe resaltar que después de la golpiza, en la que viene un puño, un puntapié, un impacto con un casco, un palo, la hebilla de una correa o el instrumento que esté a la mano, quienes golpean se van sin recibir una sanción y con una sensación de haber hecho lo correcto.

¿Qué figura podremos hallar para calificar esta situación? Tal vez sea la ausencia de justicia.
Justicia es algo que todo ser humano siente ser perentorio al momento de reclamar sus derechos como miembro de una comunidad.

Sin embargo, para que dicha aplicación de la justicia sea lo más justo y ecuánime posible se necesita confiar en los administradores de la justicia. Eso precisamente es lo que está faltando en nuestra sociedad, confianza en los aparatos judiciales. Muchos no denuncian a sus victimarios porque sienten que no sirve de nada y por el temor a las represalias que se puedan generar por parte de la delincuencia. 

Nuestro sistema judicial es inoperante, obsoleto y da vía libre para el desorden social. Muchos de los ladrones son reincidentes, muchos de ellos se aprovechan de dicha fragilidad y del caos en las cortes, expedientes de años sin resolver, falta de fiscales especializados, etc. Es más, muchos abogan por sacar personas de la cárcel, el problema es tal, que las cárceles son hacinadas y la controversia entre más o menos cárceles es tema recurrente entre sociólogos y penalistas.

Entonces ahí estamos, entre la ineficacia del aparato judicial y unos frenéticos ciudadanos que juegan a policías y ladrones con la permisividad de la lánguida ley colombiana.

La mujer que le decía a su victimario “usted no sabe con quién se metió” acompañaba sus golpes con una sarta de palabras soeces y culminando con un acto bochornoso al humillar y hacer desnudar al joven. Muchos defenderán su proceder, pero precisamente eso es lo que está mal, que cualquiera en Colombia puede hacer justicia por su propia cuenta, no hay respeto por las vías legales, es lo más parecido a un sistema anárquico disfrazado de legalidad.

Hay policías que personalmente se alegran cuando golpean o linchan delincuentes ya que según sus propias palabras “ese será su único castigo” pues si son entregados a la justicia, los mismos saldrán al otro día o en muy poco tiempo a seguir delinquiendo. Es por eso que muchos policías sienten que arriesgan sus vidas para apresar delincuentes y los mismos se benefician de lo pobres que somos en términos de institucionalidad.

Como si esto fuera poco, los noticieros difunden cuanta riña se presenta en Colombia, pero no existe un código que se cumpla como en los países desarrollados en los que si eres partícipe de una situación violenta en la calle, tendrás consecuencias penales. Así mismo se televisan estas situaciones entre ladrones y ciudadanos enfurecidos que los golpean y despojan de sus prendas – Bueno, pues violencia llama violencia y lo que ven los televidentes será replicado en circunstancias similares.

Mi intención no es y nunca será defender ladrones sino la justa defensa de los derechos de cada ciudadano, lo difícil es que nos encontramos con un sistema judicial que es un obstáculo para dicha defensa. Eso mismo es lo que genera la falta de civismo, la falta de un sistema de reglamentos que se cumplan y generen confianza entre los ciudadanos, lo mismo sucede en el conflicto Taxistas-Uber, al no haber claridad en la ley, es aprovechado el vacío para atacar conductores y destruir vehículos.

Las comparaciones son odiosas, pero es innegable que hay países como Estados Unidos que nos llevan mucha ventaja. El país norteamericano goza de un sistema de cortes civiles y criminales que garantizan la resolución de conflictos, disputas y casos de hurto. Además de un sistema carcelario que garantiza la encarcelación del culpable y las penas se cumplen como la ley lo indica.

Muchos podrán criticar que Estados Unidos tiene muchas cárceles – Otros piensan que es la única forma de tener una sociedad en orden – Otros que se necesita mayor inversión en la comunidad para que la gente no llegue a la cárcel. Posiblemente todos estos argumentos tengan mucho de cierto. Sin embargo, lo que es evidente es que en Colombia el sistema judicial no funciona de la manera que todos quisiéramos y eso hace que la delincuencia se fortalezca y que los ciudadanos respondan con linchamientos poniéndose al nivel del delincuente sin recibir alguna sanción por sus actos.

No quiero tener una mirada pesimista, pero si queremos avanzar como sociedad debemos invertir más en la gente, reducir pobreza, generar empleos, invertir en educación, acabar con cordones de miseria, descongestionar las cortes, agilizar procesos, hacer pedagogía cívica, en otras palabras, llegar a ser un país desarrollado. Es difícil pensar que lo anterior llegue a ser una realidad cuando los noticieros registran personas que prefieren golpear a sus victimarios para satisfacer sus deseos de justicia y peor aún, que un gran porcentaje de quienes ven estos actos, ya sea presencialmente o por televisión, estén de acuerdo con esta conducta.




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